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Ingeniería a prueba de seísmos



El terremoto que asoló Chile en febrero, uno de los cinco más fuertes registrados por la humanidad, no pudo con el edificio más alto del país: Titanium, que superó esta devastadora prueba gracias a 21 disipadores sísmicos que absorbieron el 30% de la energía con la que el terremoto azotó la torre. (Reportaje publicado en la edición de Mayo de ARTE y CEMENTO).

 Considerado como el segundo más fuerte en la historia del país y uno de los cinco más intensos registrados por la humanidad, el terremoto que arrasó el sábado 27 de febrero Chile ha sido comparado con el ocurrido poco tiempo antes en Haití, que a pesar de haber sido alrededor de 500 veces menos intenso –el que tuvo lugar en el país del suroeste americano alcanzó una magnitud de 8,8 grados Richter–, provocó mayores muertes y destrucción.

El balance realizado por la Cámara Chilena de la Construcción señala que de los cerca de 10.000 edificios construidos en los últimos 25 años en las zonas afectadas por el terremoto, alrededor de 100 de ellos podrían ser demolidos. Es decir, el 0,1% de los edificios construidos entre 1985 y 2009 tendrían daños estructurales irreparables.

“Los edificios en general se comportaron sobre lo que indica la norma sísmica chilena, siendo un porcentaje mínimo los que deberán ser reparados y muy pocos los que deberán ser demolidos, lo que no quiere decir que no hagamos una revisión de nuestras especificaciones para corregir lo que pueda haber fallado”, indica el vicepresidente de la Asociación de Oficinas de Arquitectos de Chile, AOA, Yves Besançon.

Ante esta reacción de las infraestructuras, tanto medios de comunicación como expertos internacionales han destacado la preparación, el profesionalismo, los planes de contingencia, la capacidad de respuesta y los altos estándares de diseño y códigos de construcción antisísmicos vigentes en el país. “Algunos de los puertos, aeropuertos, carreteras y autopistas más importantes del país sufrieron daños locales pero están totalmente operativos y el Metro de Santiago funcionó normalmente y sin restricciones apenas volvió el suministro eléctrico”, analiza Jorge Araya, presidente de la Asociación de Empresas Consultoras de Ingeniería de Chile, AIC.

El proyecto titanium, el edificio que pasó la prueba
Precisamente en una de las zonas más afectadas, la capital del país, Santiago, sobresale la impetuosa figura del edificio más alto de Chile, que aguantó el azote del seísmo casi sin titubear.
La torre, de 52 pisos y 190 metros de altura, no tuvo ni siquiera un vidrio quebrado gracias a los 21 disipadores sísmicos –cada uno de diez metros de alto– que fueron capaces de absorber el 30% de la energía del terremoto.
“Pasamos la mejor prueba en el mundo para un edificio de esta altura de hormigón armado. Nos sentimos contentos por haber resistido”, comenta el arquitecto de la torre, Abraham Senerman.

Para comprender cómo ha sido posible que este inmueble aguantara el potente sismo, sólo hay que adentrarse en la concepción del mismo, basada en los exigentes códigos de seguridad antisísmica que se aplican en el país sudamericano.

Detalles constructivos
Titanium La Portada es uno de los edificios más modernos construidos en los últimos años en Chile. Desarrollado por profesionales chilenos, encabezados por Senerman, se ha convertido en un emblema de la ciudad no sólo por su tecnología y dimensiones, sino también por su altura, poco común en un país sísmico como es Chile.

El sistema de seguridad
En materia de seguridad, el edificio también fue definido con los más altos estándares. Entre las mayores novedades tecnológicas destacan los disipadores de energía, diagonales metálicas que se ubican en los extremos del edificio, en las dos direcciones principales del edificio –transversal y longitudinal–, escondidos en la caja de elevadores, que permiten disminuir las deformaciones esperadas en el edificio por efecto de sismos severos aproximadamente en un 40%. Ello mejora el desempeño de este edificio de forma sustantiva en relación a otro edificio convencional de similares características. “La razón de su ubicación en los extremos fue aprovechar al máximo las deformaciones del edificio para poder disipar la energía que el sismo le transfiere a la estructura. Los extremos debieran ser naturalmente los sectores con mayor desplazamiento en la planta del edificio, y por ende al colocar ahí los disipadores la eficiencia también aumenta mucho”, explica el ingeniero civil de la Universidad Católica de Chile y autor del desarrollo de estos disipadores, Juan Carlos de la Llera. Adicionalmente, la razón de ubicarlos cada tres pisos es lograr una amplificación de la deformación “lo que mejora enormemente la disipación de energía” en los factores indicados.

Existen actualmente en Santiago varios edificios con aislamiento sísmico –usado para estructuras bajas y pesadas– y otro con un amortiguador sintonizado de masa en el techo, pero que corresponde a concepto estructural distinto. Titanium La Portada es el primer edificio de Chile en tener instalados disipadores metálicos, y con este tipo de disipadores el primero en el mundo. Su gran aporte tecnológico es que a un costo bajo es posible reducir sustantivamente las deformaciones sísmicas de un edificio de altura, con la reducción de los movimientos de la torre durante y después del sismo.

Desde el punto de vista constructivo, la arquitectura y diseño estructural del edificio fue capaz de incorporar elementos que permitieran conectar estos disipadores metálicos cada 3 pisos, lo que mejora la eficiencia de los disipadores entre 3 y 9 veces. Dichos disipadores, cumplieron un rol fundamental en el ejemplar comportamiento del edificio el pasado 27 de febrero, manteniendo intacta su estructura principal.
Paralelamente, la torre se sometió a un túnel de viento, que arrojó información relevante tanto para el cálculo de la estructura principal del edificio, a cargo del ingeniero Alfonso Larraín, como para el desarrollo del muro cortina y finalmente dar el mayor bienestar a sus usuarios.

La norma sísmica chilena
“La norma sísmica chilena dice que para temblores de baja intensidad un edificio no debe sufrir ningún daño. Que los terremotos grandes los debe soportar con daños estructurales, pero reparables. Y que en los sismos muy fuertes, en casos de excepción histórica, no puede colapsar, o sea caerse”, comenta el ex presidente de la Asociación de Ingenieros Civiles Estructurales de Chile, Rodrigo Mújica, en referencia al comportamiento de las construcciones tras el terremoto. El mensaje común de los especialistas chilenos ha graficado la calidad y seriedad de los profesionales que participan en las construcciones, así como también las exigentes normas y códigos que se han ido perfeccionando tras los distintos seísmos que ha soportado el país.

La norma que controla el diseño sísmico de los edificios es la NCh 433, que ha tenido versiones en 1972, 1993 y 1996, y no se aplica al diseño sísmico de otras obras civiles, como presas, puentes, túneles, acueductos, muelles, canales. Tampoco se aplica a edificios industriales, para los cuales Chile ha sido pionero en estudiar y adoptar una norma específica, la NCh 2369. En materia de edificios, el criterio de la norma para sismos de intensidad excepcionalmente severa es que aunque sufran daños, eviten el colapso, privilegiando la vida de los ocupantes.

La aplicación de la norma supone que la inversión en construcción en Chile alcanzara los 21.346 millones de dólares en 2009, y que para este año se proyecte un crecimiento del 7,7% en términos reales, “estimación que deberá ajustarse a las nuevas condiciones generadas por el terremoto”, indica la Gerencia de Estudios Cámara Chilena de la Construcción.