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Cultura protege por su valor etnológico las danzas rituales masculinas de la Sierra de Huelva y el Andévalo

Fecha de creación : 15/04/2010

La Consejería de Cultura, a través de la Dirección General de Bienes Culturales, ha incoado el procedimiento para inscribir en el Catálogo General del Patrimonio Histórico Andaluz (CGPHA), de forma colectiva, como bienes de Catalogación General, las danzas rituales masculinas de la provincia de Huelva. En concreto, se trata de 14 manifestaciones festivas que se celebran en distintas poblaciones de la Sierra y el Andévalo en honor a imágenes patronales locales, fundamentalmente advocaciones marianas y santos, a excepción de la danza del Corpus en Cumbres Mayores y la danza de San Antonio en Alosno –advocación grupal-.

Con esta incoación, la Consejería de Cultura protege un legado inmaterial vivo, dotado de un enorme valor simbólico como seña de identidad de los grupos y las comunidades que lo recrean y reproducen anualmente, siendo el conjunto patrimonial más numeroso y rico de esta expresión cultural en la comunidad andaluza. Un legado, en ocasiones intangible, pero de vital importancia para conocer la forma de sentir y de comportarse de un territorio, de expresar alegrías y penas, de relacionarse, de vivir. Constituye, en definitiva, un patrimonio indispensable para entender el pasado, presente y futuro de los pueblos, en este caso de la provincia de Huelva.

Estas 14 danzas, entre las que se incluyen el Fandango Parao y la danza de San Antonio de Padua de Alosno; la danza de las espadas de Cabezas Rubias; la danza de Corpus y la danza de la Virgen de la Esperanza de Cumbres Mayores; la danza de los Cirochos o Sirocos de El Almendro y Villanueva de los Castillejos; las danzas de El Cerro del Andévalo; la danza de la Virgen de Tórtola, de Hinojales; la danzas de espadas, de la Puebla de Guzmán y las que se celebran en San Bartolomé de la Torre; la danza de la Virgen de la Rábida, en Sanlúcar de Guadiana; o la danza de los garrotes, en Villanueva de las Cruces, se caracterizan, además, por estar interpretadas exclusivamente por hombres (jóvenes, niños y adultos) y en ellas se exhiben los valores tradicionales masculinos tales como el esfuerzo, la virilidad, resistencia, precisión y brío necesarios para su ejecución, concibiéndose como una actividad de carácter masculino. Otro rasgo común en estas danzas es el número impar que componen los grupos, tal es el caso de los 19 ‘cascabeleros’ de San Juan de Alosno y los siete ‘lanzaores’ de San Benito Abad, a excepción de los grupos de Cumbres Mayores formados por diez danzantes por el añadido del contraguión.

Desde el punto de vista etnológico, estas expresiones culturales conjugan en su ejecución una serie de bienes materiales e inmateriales de gran riqueza y variedad en cuanto a sus significados, como pueden ser las indumentarias de los danzantes, los objetos que portan, los pasos de danza, figuras y mudanzas elaboradas, las músicas de gaita y tamboril, o los símbolos y emblemas, unos elementos que van más allá del valor estético o artístico, puesto que marcan significativamente las diferencias entre unas danzas y otras.